PERO TENÍA QUE BAILAR.


¿Quién no ha querido alguna vez sentirse volar en un escenario inmenso? ¿Quién no ha fantaseado con la idea de formar parte de un elenco en una plataforma, bajo la boquiabierta mirada de miles de ojos? Mucha gente habrá soñado con verse envuelta en una bata de cola, con haberse puesto unas puntas y un tutú y haber emocionado al público mientras éste se deshace en aplausos…Tal vez, quien está sentado en el patio de butacas desconoce lo que hay una vez que se baja el telón. Aplaude sin ser consciente de los sinsabores de la danza.

Es también típico el abuelo que va a ver a su nieta y no mira a nadie más que a su nieta. Nadie baila mejor que ella. Solo está pendiente de cómo se mueve, de cómo sonríe. “¡Qué bien lo hace mi nieta!”, dirá orgulloso. Lo que ese abuelo quizá no se imagine es que a su nieta tal vez no le digan ni una vez que lo hace bien. Y su sonrisa de escenario sea sólo eso, una ‘sonrisa de escenario’, para que el público no “se levante y se vaya”. Son muchas las amarguras por las que seguramente esa nieta esté pasando. Quizá esa niña prefiera estar en su casa haciendo los deberes, o practicando inglés. Pero tiene que bailar. Porque baila muy bien, porque le viene muy bien.

Conocí una historia de una bailarina que hoy es una mujer en proceso de recuperación. Hay muchas como ella: En proceso de reconstrucción tras un calvario del que solo ahora es consciente. Es una gran mujer, y muy artista si se lo propone. Doy fe, aunque no llegue al metro sesenta. Cuando tenía ocho años y empezó la carrera de danza en el Conservatorio ( donde supuestamente más se preocupan por las profesionales de la danza, y más cuidan a las niñas), sus profesoras no la dejaban salir en fin de curso con sus compañeras porque era demasiado bajita. Ella entonces, se aprendía las coreografías para enseñárselas a las demás, y el día de la función se quedaba en bambalinas viendo como sus compañeros se lucían bailando El Ángelus. Ella lloraba, y aún recuerda algunos de los pasos. Esa pobre bailarina fue creciendo. No perdía una clase aunque celebraba cada vez que una profesora estaba enferma, porque suponía no tener que ir a clase. Pero tenía que bailar. Aún llora cuando recuerda el día en el que todas sus compañeras menos ella fueron elegidas para entrar en una compañía de flamenco realmente importante. Ella se quedó mirando cómo todas sus compañeras iban a esa reunión con las coreógrafas, mientras ella se metía al vestuario para irse a casa. Eran las diez de la noche y su padre la estaba esperando en la puerta del Conservatorio. Como cada día. Pero tenía que bailar.

Hoy a esa mujer la han parado por la calle para preguntarle qué perfume utiliza, o para hacerle fotos al outfit que ha escogido. Hoy su voz pone los pelos de punta a media España. Pero cuando tenía que bailar le decían que su estilo era demasiado personal, y que no podía ser así. Que eso no estaba bien.  Que eso vendría luego. Y que no expresaba. Y que no sonreía. Y que aburría al público. Y que era repetidora. Y que no daba pie con bola. Y que tenía muchas carencias. Y que la pierna de base estaba torcida. Y que las vueltas con destaque no le salían bien. Y que en las piruetas dobles se caía. Y nadie, nadie, nadie le aplaudió jamás. Pero tenía que bailar.

Once años más tarde encontró la salida. Hoy le pesa mucho, pero la encontró. Quien pudo ser su mentora en el escenario, consiguió que odiara para siempre la danza. Y también a ella. Y a sí misma. Pero tenía que bailar. Y se fue para nunca volver. Para gritar y explicar el lado oscuro de las faldas de volantes y las castañuelas. Para arrancarse las horquillas del moño y arrojarlas con el mayor de los desprecios al infierno más absoluto. Quizá en el fondo, le hizo un gran favor.

Eso sí. Jamás se partió un tobillo. Solo le destrozaron el alma en mil pedazos.

Porque tenía que bailar.

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One comment

  1. myriam · abril 10, 2015

    Nadie sabe con la sed que otro bebe.si con la danza nos haz logrado tus sueños hija mía con tu voz nos haz llegado al alma. Te admiro por haber recistido tanto. Tantos años de lucha te han hecho muy fuerte y estoy segura que grandes cosas te sucederán. Espero estar ahí para abrazarte y felicitarte. TQM.

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