UN CAFÉ QUE ASUSTE


He tenido que esquivar bolsas nada más poner un pie en el suelo. Hay objetos decorativos nuevos en cada esquina. A veces pienso que me podría pasar años decorando mi piso en Malasaña. Papel de regalo de todos los motivos. Tickets de compra, migajas de roscón en cada losa de la cocina… Si el día de Reyes es una locura, el 7 de enero es para echarse las manos a la cabeza. Y echarse a temblar también.

Maldito 7 de enero.

Porque acaban las vacaciones para los que gozan de ellas. Es verdad, vuelve la rutina. La del trabajo, la del gimnasio, la de los reencuentros. El despertador vuelve a sonar. Se apagan las luces del árbol para encender las de la oficina. También apretamos el botón de los ordenadores. Se hace recuento de los kilos de más acumulados en estas dos semanas. Se vuelve a la normalidad. Dentro de tres días todo se habrá quedado atrás, y empezaremos a encontrar el lugar en el que colocar en casa los regalos que nos han hecho. En cuestión de 72 horas volveremos a padecer de ansiedad, y habremos cambiado el cochinillo y la lubina por el menú de 11 euros o el tupper de mamá en su defecto.

Lo que también vuelve es para otros la incertidumbre. Por eso hay quien ha pedido esta mañana un café tan cargado que asuste al paladar. Para despertar de la alegría generalizada y las borracheras de besos y abrazos. Hoy reaparece la continua interrogante de saber hasta cuando tendrán que esperar. Hay quien hoy aún está de vacaciones. Yo, entre muchos. Otra vez yo. Y se seguro (porque mirando el reloj…) que también lo estaré mañana. Hay quien podría seguir comiendo roscón de Reyes y descubrir que de pronto es Abril. Y que nada parece tirar del carro. Hoy entonces, volvemos a tener demasiado hueco libre en la agenda y poco dinero en la cuenta corriente. La cuesta de enero más real y tangible hoy se confirma que existe.

La nostalgia no es que hoy tenga precisamente un papel secundario. ¿Quién no hace hoy la maleta en una ciudad y horas más tarde la deshace en otra? ¿Cuántos abrazos se habrán dado entre ayer y hoy? ¿Cuántos se quedan sin dar? Maldito 7 de enero. Malditas casualidades que nos obligan a despedirnos de quien queremos tanto por medio de un mensaje. “(…) Mucha suerte en todo lo nuevo que te vaya surgiendo, laboral y vitalmente”. Malditas obligaciones, que a veces nos envalentonan a hacer las cosas del derecho… Maldito 7 de enero, que en realidad aleja y que nos calla la boca. Sí, deben de ser muchos los abrazos que se quedan sin dar y que solo existen en nuestra imaginación. Porque la Navidad a veces trae a quien quieres, pero no te los termina de acercar.

Para todos, el maldito 7 de enero significa volver. Y volver a empezar, lo que a veces es una gran oportunidad.

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One comment

  1. Esperanza Muñoz Muñoz · enero 15, 2015

    Qué verdad, cielico

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