CUANDO TENERLO TODO ES CASI PAN COMIDO


Uno de los muchos problemas que tenemos los seres humanos es darnos cuenta de repente de las cosas. Cuando de pronto nos cae un jarro de agua fría, o un mamporrazo de realidad. Situaciones que nos dejan en shock durante unos días, que nos hacen escoger de nuevo o retroceder. Escoger de nuevo. Exacto, volver a hacerlo. Llevaba mucho tiempo esperando poder escribir sobre esto. Y varios días, el zumbido en la cabeza.

 

Escoger-de-nuevo siempre supone empezar de cero. Enfrentarnos a una realidad diferente y desconocida. En ocasiones supone un nuevo aprendizaje, un reto, o un aburrimiento. Recolocarnos. Sentarnos tranquilamente y analizar lo que tenemos delante de nosotras. Pero todo en la vida, por suerte o por desgracia, depende de las decisiones que tomemos. Y hay veces que sólo podemos hacerlo nosotras. Sin ecos ni adivinanzas. He ahí el abismo… Muchas mujeres piensan que no son capaces de alcanzar la verdadera felicidad por ellas mismas. Hacerlo solas. Ser capaces de ser ellas al 100% sin un 50% que las complemente. Ser Marta, Raquel o Julia y solo Marta, Raquel o Julia. A veces nos obligamos a compartir nuestra vida con alguien que no nos completa, que no necesitamos tanto como pensamos. A veces…muchas veces, las mujeres reculan. Recapacitan e intentan poner fin a aquello que no les gusta de sus parejas. Se sientan y hablan. Se reconcilian y vuelven a la casilla de salida. A veces incluso se aventuran a poner fin a sus relaciones. Es entonces cuando en muchas ocasiones saltan las alarmas. Cuando la señal de WARNING parece que va a estallar y los supermercados se quedan sin existencias de pañuelos. Porque no son capaces de saber que mañana nadie les bailará el agua. Muchas no aceptan el NO, y prolongan su propia agonía por puro deporte, (yo creo que de ahí a que cada vez haya más runners!). Las hay que se hacen a la idea de que “con X” se está bien o mejor que solas, que nunca serán capaces de llenar ese “vacío indescriptible”.  Que miran a quienes no han tenido más de una relación estable como si fueran auténticas inexpertas en materia del corazón, además de unas descerebradas que se descargan aplicaciones para ligar y darse una alegría al cuerpo.  Porque no saben, o no quieren aprender a disfrutar de su vida con ellas mismas.

 

Muchas mujeres guapas de nuestro siglo prefieren decidir por 2, pensar en sí mismas solo a medias. Buscan el príncipe azul en cada rincón, y a veces incluso se quedan con él sin torcer la esquina y ver qué más hay. Imagino, que será un príncipe “azul clarito”. ¿Es eso lo que debemos hacer todas las mujeres? ¿Qué hacen el resto… las que también buscan a su media naranja pero prefieren ser las únicas princesas del reino hasta que la situación sea demasiado evidente? ¿Pueden ellas también tenerlo TODO aunque la única compañía que tengan noche tras noche sea una almohada para una cama de dos cuerpos? ¿Es verdad que se puede ser feliz con una misma? O sea, aplicar el yo-me-mi-conmigo de toda la vida!

 

¿Cuándo se está preparada para poder ‘compartirnos’?

 

Tras varios (muchos) meses de meditación, de pensar en el punto en el que pueden encontrarse muchas mujeres, la verdadera pregunta que hemos de hacernos es: ¿necesitamos simplemente un buen hombre que nos haga ser mejores, o somos nosotras las que tenemos que luchar más por ser quien queremos ser para encontrar a nuestra otra mitad? Parece fácil de responder, pero “ser quien siempre has querido ser” no es tarea fácil. Creo que ninguna de mis amigas se han sentido de 10 toda su vida. Ni las amigas de mis amigas. Hay que tropezar muchas veces. Hemos de caernos y hacernos sangre. Hemos incluso de escoger con qué piedras quedarnos, como el otro día leí, hasta pulirlas y convertirlas en un diamante. Solo así una mujer es capaz de saber elegir. Solo así llega a encontrarse a sí misma. Saliendo, entrando. Llamando a muchas puertas. Disfrazándose de otras. Haciendo que crean que son todo lo contrario. Besando a muchos sapos con disfraz de hipster. Decidiendo quién ser y quién no. Una mujer sabe elegir cuando sale sola y se despierta con un desconocido y el rímel corrido. Cuando abandona una cama ajena y deshecha los domingos por la mañana, sin importarle no recibir un mensaje de “lo he pasado muy bien”, (aunque si lo recibe, lo lee varias veces en el metro).

Sentir vértigo ante un jefe distinto cada dos meses. Decir “tú a mi no me hablas así”. Dar segundas oportunidades a antiguos compañeros, directores y altos ejecutivos de cuentas. Hacer las maletas. Y sobre todo, que cuando las cerremos, nuestro aliento no sea ningún resquicio de nada. Que nos invada la inquietud por lo nuevo. Sólo así veremos en el espejo nuestra versión más pura. Y eso, TODO ESO, SOLO ES UN CLIC.

 

Una mujer no solo es mujer una vez al mes. Quien termina por saber lo que quiere amanece llorando un lunes, y se acuesta muerta de la risa un miércoles. Ser una montaña rusa de vez en cuando puede ayudarnos a no serlo nunca más. Hay que llorar mucho. Hay que sentir que casi se toca fondo para saber llevarte bien contigo misma conforme ves que las cosas van cambiando. Y van cambiando para bien.

 

Así y solo así.

El truco, creo , está en solicitar tiempo muerto e irnos al rincón de pensar. Ser conscientes del papel que hemos escogido hasta la fecha, y darnos cuenta y sorprendernos de si nos ha dejado buen sabor de boca. ¿Estamos orgullosos de lo que somos? ¿Qué ha de cambiar una mujer para sentirse bien? ¿Alguna cree que todo puede seguir como siempre? Sólo cuando comienzas a comprender que no es para tanto lo que en su día fue una obsesión hecha carne, cuando sabes que el momento que anhelas llegará porque con toda seguridad, años atrás, te imaginabas viviendo algo que hoy  ya es pasado.

Hasta que un día te das cuenta de que “LA SUPER TÚ” eres tú. Cuando cuentas el número de damnificados a tu espalda y dices “¿en serio…?”.

 

La que antes se cuestionaba todo, y tenía cientos de dudas que despejar ahora es capaz de dar respuestas. Ese es, por lo que parece, el camino a la felicidad. Pero a mejor de todas, porque es sólo con una misma, a la que cada una ha llegado sin que nadie le mostrara el camino. Entonces, esas mujeres de las primeras líneas, serán capaces de escoger libremente. Cuando comprendan por qué el pasado ya solo son recuerdos. Cuando entiendan que sus cuerpos cambian. Cuando sepan que podrán estar con quien ellas quieran porque habrán rechazado y las habrán rechazado. Cuando el empleo de sus vidas sea el que las haga ser más felices, sin que su alegría dependa de que suene el teléfono, o no hagan horas extra.

Cuando vean que si termina un proyecto, sale otro más adelante. Cuando entiendan que si el presente es una mierda, el futuro no tiene por qué serlo. Cuando distingan entre un auténtico problema, y los gajes del oficio.

 

Es fácil escribirlo y difícil creérselo. Más aún convertirlo en tu mantra. Pero muy gratificante el proceso de saber que se tiene asimilado, ahí sabrán que ya no hay vuelta atrás. Quien se obsesiona en ser feliz no lo será nunca. Quien se sube a la báscula cada día jamás encontrará el peso ideal. Quien se empeña en no estar sola, siempre lo estará.  Porque el éxito es la suma de pequeños esfuerzos repetidos día a día, y eso si que sólo depende de nosotras mismas.

 

Porque solo una mujer sabe que lo es cuando tiene a una dentro.

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2 comments

  1. Mamá · septiembre 9, 2014

    Como siempre, me encantas. Y me das mucho que pensar….
    Te quiero

    • Mariló · septiembre 11, 2014

      Hija , Por Dios Espe !!!! Cómo escribes !!! Y cuanta razón llevas. Me ha encantado leerte de nuevo. Un beso

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